De pronto uno se aleja
de las imágenes queridas
amiga
quedás frágil en el horizonte
te he dejado pensando en muchas cosas
pero ojalá pienses un poco en mí
vos sabés
en esta excursión a la muerte
que es la vida
me siento bien acompañado
me siento casi con respuestas
cuando puedo imaginar que allá lejos
quizá creas en mi credo antes de dormirte
o te cruces conmigo en los pasillos del sueño
está demás decirte que a esta altura
no creo en predicadores ni en generales
ni en las nalgas de miss universo
ni en el arrepentimiento de los verdugos
ni en el catecismo del confort
ni en el flaco perdón de dios
a esta altura del partido
creo en los ojos y las manos del pueblo
en general
y en tus ojos y tus manos
en particular.
Mario Benedetti
domingo, 10 de agosto de 2014
sábado, 9 de agosto de 2014
Poste restante - Mario Benedetti
Durante varios años, Verónica me había escrito una carta mensual. No
diré que yo las olvidara, pero tal vez se hubieran quedado escondidas en
el tedio del pasado de no sobrevenir la obligación de mi mudanza.
Estuve tres días vaciando roperos y armarios y de uno de éstos se
desprendió una maleta que no tenía candado y en consecuencia se abrió al
tocar el suelo. Y allí estaba el atado con las cartas que Verónica
mandaba regularmente a mi casilla de correo. Quizá yo estaba cansado con
tanta calistenia de traslado, pero al mismo tiempo me picó la
curiosidad y me vinieron ganas de releer aquellas cartas de ayer y de
anteayer. Aquí transcribo algunas:
Hola Martín: Aquí estoy en la terraza, sola, frente a la costa. No hay viento, el mar está quieto. Una confesión: la soledad ha dejado de herirme. Mejor aún: me permite revisar, casi diría descifrar, mi pasado sin gracia. En un platillo de la balanza coloco mis odios; en el otro, mis amores. Y he llegado a la conclusión de que las cicatrices enseñan; las caricias, también.
Hola Martín: Aquí estoy en la terraza, sola, frente a la costa. No hay viento, el mar está quieto. Una confesión: la soledad ha dejado de herirme. Mejor aún: me permite revisar, casi diría descifrar, mi pasado sin gracia. En un platillo de la balanza coloco mis odios; en el otro, mis amores. Y he llegado a la conclusión de que las cicatrices enseñan; las caricias, también.
Ya hace dos meses que se fueron mi madre y mi hermana. Me gustó tenerlas
conmigo, pero también sentí cierto alivio cuando me dijeron hasta
pronto. Con mi hermana me llevo bastante bien. Pensamos diferente en
muchos tópicos (ideología, política, cultura, y hasta deportes) pero por
lo general evitamos los temas conflictivos. Lo esencial es el afecto y
éste permanece. Mi madre, en cambio, es muy tozuda, y eso dificulta la
relación, ya que es incómodo ser sincera con ella. Cuando puedas y
quieras, ponme unas líneas.
Martín: Bueno, las vacaciones se terminaron y en estos días padezco eso que los nuevos psicólogos han bautizado como el trauma posvacacional. Por suerte, sé que no me dura mucho. La avalancha de trabajo barre con todas las melancolías.
Creo que no llegaste a conocer a mi jefe actual. Buena persona, pero más braguetero que Juan Tenorio. Las subordinadas tienen que andar con todas las alarmas encendidas, porque al menor descuido les toca el culo. Hay que reconocer que nunca va más allá de un acoso tan discreto. Al parecer, le alcanza con dejar esa constancia ambiental, algo que entre otras cosas le sirve al personal masculino para burlarse de las muchachas.
En mi caso particular, y en vista de que he alcanzado los cuarenta, mis nalgas ya están fuera de campeonato. Curiosamente, tal abandono me produce una doble sensación: una, por supuesto, de alivio, y otra, de cierta frustración, como si de pronto me hubieran jubilado del escrúpulo erótico y la lujuria abstracta. ¿Tú qué opinas? ¿También te jubilaste?
Hola Martín: El invierno siempre tuvo para mí un lado cavernoso, fantasmal, como si los vientos helados trajeran consigo las malas noticias y las lluvias implacables nos hicieran olvidar cómo era el sol. Abrigos no me faltan, pero debajo del sobretodo, la zamarra o los ponchos, sé que mi piel tirita y que un cierto destemple se me instala en el alma.
Este invierno, sin embargo, me llegó con otro ritmo. ¿Te acordás de Eusebio? ¿Aquel alto, de pelo revuelto, más bien parco, lector empedernido, que se complacía en rectificar al profesor de Historia? Bueno, me caso con él. La historia es más sencilla de lo que te imaginas, casi te diría que más sencilla de lo que yo misma podía haberla imaginado.
Una mañana se apareció en la oficina, no precisamente para hablar conmigo (ni siquiera sabía que yo trabajaba allí) sino con mi jefe querendón, pero como éste asistía a una reunión del Directorio que le iba a llevar varias horas, Eusebio me sugirió que nos fuéramos a almorzar, y de paso celebrar nuestro reencuentro.
Íbamos por la mitad del almuerzo cuando por fin nuestras miradas se encontraron. Y de pronto estuvo todo dicho. Tuvo la delicadeza de no llevarme a un hotel sino a su departamento de soltero. A mí, otra soltera. Aquí va la invitación. Ya sé que no podrás venir. El próximo viernes nos vamos a Río. No está mal, ¿verdad?
Martín: La última vez que te escribí (¿cuánto hace?, ¿dos años?) estaba
dando el último toque a mi soltería. Ahora te escribo desde mi viudez
recién inaugurada. Eusebio murió en un accidente carretero. Por favor,
no me envíes ningún pésame. No corresponde. Iba con otra. La hija del
gerente, su último amor, que también murió. Las dos noticias me llegaron
juntas. Bah.
Hola Martín: Sólo para avisarte que no habrá más cartas. Gracias por los
años y el vacío de tus silencios. Si alguna vez me hubieras contestado,
te habría mandado un fax con dos o tres hurras. Pero no me contestaste.
Paciencia. No sé si esto se acaba o si me acabo yo. Como avisan en el
casino: No va más. Bien sabes que soy atea y que este mutis no servirá
para evangelizarme.
miércoles, 6 de agosto de 2014
Utopías - Mario Benedetti
Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías
Cómo voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza
Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea
Cómo voy a creer
que el horizonte es frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada
Cómo voy a creer / dijo el fulano
que tu cuerpo mengana
no es algo más de lo que palpo
o que tu amor
ese remoto amor que me destinas
no es el desnudo de tus ojos
la parsimonia de tus manos
Cómo no voy a creer / mengana austral
que sos tan sólo lo que miro
acaricio o penetro
Cómo voy a creer / dijo el fulano
que la utopía ya no existe
si vos / mengana dulce
osada / eterna
si vos / sos mi utopía
Mario Benedetti
que el mundo se quedó sin utopías
Cómo voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza
Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea
Cómo voy a creer
que el horizonte es frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada
Cómo voy a creer / dijo el fulano
que tu cuerpo mengana
no es algo más de lo que palpo
o que tu amor
ese remoto amor que me destinas
no es el desnudo de tus ojos
la parsimonia de tus manos
Cómo no voy a creer / mengana austral
que sos tan sólo lo que miro
acaricio o penetro
Cómo voy a creer / dijo el fulano
que la utopía ya no existe
si vos / mengana dulce
osada / eterna
si vos / sos mi utopía
Mario Benedetti
lunes, 4 de agosto de 2014
Echar las cartas/5 - Mario Benedetti
Querida Andrea:
Mario Benedetti
No sé por qué, pero hoy me dio por extrañarte, por echar de menos tu
presencia. Será tal
vez porque el primer amor le deja a uno más huellas que ningún otro. Lo
cierto es que estaba en la cama, junto a Patricia plácidamente dormida, y
de pronto rememoré otra noche del
pasado, junto a vos, plácidamente dormida, y sentí una aguda nostalgia
de aquel sosiego de
anteayer.
Alguien dijo que el olvido está lleno de memoria, pero también es
cierto que la memoria
no se rinde. Dos por tres suenan como campanitas en el ritmo cardíaco y
una escena se hace
presente en la conciencia como en una pantalla de televisión. Y aquel
cuerpo que las manos
casi habían olvidado vuelve a surgir como un destello hasta que otra vez
suenan las campanitas y el destello se apaga. ¿Te ocurre a veces algo
así? ¿O será que me estoy volviendo un
poco loco? Puede ser. Mientras tanto este probable loco te envía un
invulnerable abrazo.
sábado, 2 de agosto de 2014
Al filo del agua (XIV) - Miguel Antonio Jiménez
Una mirada que describe el mundo
donde el deseo es imagen y la memoria es vida
en la indetenible rueda del tiempo
y el tiempo regresa en la acción de la luz
percibiendo el rumor del universo en tus oídos
en un retorno eterno que renueva la vida
y conjuga el ser en su libro infinito
un mundo dentro de tu mundo
va cantando en la fuga que la arcilla moldea
y un símbolo de sueño imagina tu voz
abanico posible de existencia y creación
cifra regresiva del vital movimiento
en el maleable barro de los nueve círculos
donde la historia muestra su fórmula convulsa
allí diviso la montaña que dio nombre al océano
allí naufraga la aventura y se resuelve el mito
en un rumor nocturno donde se fija Dios
y el hombre vive su trunca eternidad
su travesía de edén y espacio nuevo
en la emoción de la tiniebla que anuncia toda luz
porque la pasión late lo mismo que una ola
en el rumor del viento
y tu canto es quimera de equilibrio en la sombra
donde la noche hace la invención de otro mundo
donde es tangible el sueño de atravesar al día
en su soplo divino.
Miguel Antonio Jiménez
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